Para no encontrarse a ninguna persona, la niña se dirigió hacia el bosque; pero iba tan distrída que no se dio cuenta que se adentraba en él. De pronto oyó un rugido que la detuvo - ¡Grrr! - Era el lobo que quería sorprenderlo. A la niña, del puro susto, se le puso la caperuza… AZUL.
