Casi inmediatamente después del susto, la niña comenzó a decir muchas groserías; primero chiquitas y luego grandotas. El lobo se quedó pasmado al oir que una niña tan pequeña dijera groserías tan grandes; y sólo atinó a decir: - Estoy seguro de que no hay niña más grosera que tú – Y la caperuza que traía puesta la niña se puso… ROJA-ROJA.

Archivo del blog

Datos personales

Seguidores